Evitar las crisis de pareja

Evitar las crisis de pareja

La solidez del vínculo que une a la pareja está en estrecha relación con la biografía de cada uno de sus integrantes, el grado de madurez con que se tomó la decisión, la capacidad de cada uno de los "partenaires" de ponerse en el lugar del otro y de tolerar las frustraciones que conlleva toda vida en común. ¿Cuántos adultos, en lo más íntimo de sus pensamientos, sueñan, como los niños, con un príncipe azul, o imaginan el matrimonio como en los cuentos?

La solidez del vínculo que une a la pareja está en estrecha relación con la biografía de cada uno de sus integrantes, el grado de madurez con que se tomó la decisión, la capacidad de cada uno de los "partenaires" de ponerse en el lugar del otro y de tolerar las frustraciones que conlleva toda vida en común. ¿Cuántos adultos, en lo más íntimo de sus pensamientos, sueñan, como los niños, con un príncipe azul, o imaginan el matrimonio como en los cuentos?

Las cosas se complican cuando el atribulado matrimonio tiene niños a su cargo.

Tal vez una crisis o una separación sean inevitables, pero lo que si se puede evitar es confundir los roles, mezclar situaciones. Se puede haber dejado de amar al cónyuge, puede que ya no exista atracción sexual, pero ¿qué relación tiene esto con el rol de madre o de padre en las responsabilidades cotidianas, en el cuidado y educación de los hijos?

Una situación difícil puede provocar desánimo, falta de proyectos o de alegría, pero el descuido o la proyección de estos conflictos en el niño, no hacen más que aumentar el malestar.

Si las gratificaciones en la pareja han desaparecido, ¿por qué no conservar las que puede deparar un hijo? Colocar al niño en medio de las rencillas, utilizarlo como aliado para obtener algo del cónyuge, desahogar en él enojos que corresponden a otra escena, o ubicarlo como emisario de reproches no dichos; no sólo aumentará la confusión de la pareja en dificultades sino que colocará al hijo, sea cual fuere su edad, en situaciones imposibles de resolver.

Evitar las crisis de pareja para que los hijos no sufran

¿Cómo tomar partido por uno de los padres sin sentirse culpable con respecto al otro? ¿Cómo no fantasear, en algún momento, con la idea de que es él responsable de la situación? ¿Cómo no imaginar que ya nunca más podrá compartir algo con su mamá, sin perder el cariño de su papá? La inestabilidad provoca en todo niño, ser indefenso para su autonomía, sensación de desprotección y temor al abandono.

Es aquí responsabilidad de los padres, más allá de sus diferencias, de los rencores y de la desunión, no desconocer a ese niño, testimonio viviente de otro momento de armonía, y respetarlo en su individualidad, permitiéndole su propio desarrollo, sin sobrecargarlo con problemas que deberán resolver los adultos. Si la capacidad de reflexión se pierde hasta llegar a situaciones de desborde que impidan el diálogo, el pediatra podrá orientar a la pareja.

Los seres humanos somos seres energéticos que pueden metabolizar la ener¬gía ambiental y cósmica. Te¬nemos canales principales y nadis, que son conductos por donde corre dicha ener¬gía, y además poseemos ve¬hículos o cuerpos que, bási¬camente, son: físico, etérico, emocional, mental, de cone-xión y espiritual. De otras vidas que se en¬cuentran alojadas en el vehí¬culo personal, traemos ex¬periencias, que así pasan a otros vehículos inferiores para desarrollar la tarea que nos falta.
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