Que esperan los hombres de las mujeres y las mujeres de los hombres

Que esperan los hombres de las mujeres y las mujeres de los hombres

Marta Bianchi aborda en esta oportunidad un tema más que interesante: lo que esperan los hombres de las mujeres, y viceversa, en un tiempo en que los cambios se hacen sentir en los diferentes roles de la pareja.

Marta Bianchi aborda en esta oportunidad un tema más que interesante: lo que esperan los hombres de las mujeres, y viceversa, en un tiempo en que los cambios se hacen sentir en los diferentes roles de la pareja.

¿Hoy es más difícil que antes armar una pareja? Dificultades siempre existieron. Quizá lo más difícil sea mantener la pareja. El tiempo de vida se prolongó y la gente ya no se resigna, cuando la pareja no va bien, a vivir mal.

Tal vez haya menos tolerancia. Lo cierto es que hombres y mujeres sienten que se merecen respeto. Mantener la pareja hoy es un trabajo gue no todos tienen ganas de realizar.

El mundo cambia porque los seres humanos van evolucionando, construyendo nuevas historias en pos del bienestar o de la anhelada felicidad. A veces, los cambios se producen por descubrimientos científicos o técnicos, o nuevas filosofías, o por movimientos sociales. Algunas personas acompañan estos cambios y otras se resisten. En este siglo, en los últimos años, y quizá por adaptarse a los cambios de la economía más que por una previa conciencia de derecho, las mujeres han Iniciado un cambio en el que algunos hombres quedaron un poco rezagados. Y, como consecuencia, pareciera que los hombres están buscando una mujer que ya no es, y las mujeres un hombre que todavía no es.

Estuve leyendo una encuesta en que cantidades de hombres y mujeres responden qué esperan de su pareja. Y es interesante comprobar que tienen en común una gran exigencia y exoectativa de unos hacia otras y viceversa. A cada uno le gusta algo de lo que tiene de nuevo el otro género, pero sin renunciar a lo que el rol tradicional tenía de cómodo. Los hombres, por ejemplo, están contentos de que hoy las mujeres sean más activas en el sexo, pero esperan que no lo sean tanto, y temen que les resten la oportunidad de enseñar algo, de seguir ejerciendo de maestros. Algunos creen que ellas quieren dinero, poder, romanticismo...

Esperan de ellas las respuestas, las alternativas, los odios, la ternura, la pasión de ida y vuelta, la comprensión, la atención. Desean que ella encarne todos los personajes de sus fantasías: "La comehombres", "La fierecilla domada", "El reposo del guerrero", "La virgen". A la vez, quieren que los dejen en paz, que no les exijan tanto, y que hablen menos. Sienten que tienen que seguir cumpliendo con su rol tradicional, pero que han perdido los privilegios del amo. Los descoloca que las mujeres aspiren a otras cosas además que a ellos, aún a riesgo de perderlos. Es decir: que tengan intereses propios.

Ellas quieren sus derechos a desarrollarse y a tener reconocimiento social. Buscan en ellos amor, ternura, respeto, comprensión, compañerismo y solidaridad. Que sean buenos padres y ejemplo para sus hijos. Que sean educados, limpios y generosos. Que sean viriles, que sepan lo que quieren. Que mantengan la casa, aunque ellas colaboren. En lo posible que estén un escalónete más arriba, que triunfen en lo suyo. Que les den aliento y se sientan orgullosos si ellas adelantan en su trabajo.

Es difícil ser hombre o mujer en esta época de cambios... ¡hay mucha exigencia! Hoy se han aflojado comportamientos rígidos, hay menos prejuicios, menos dependencia del "qué dirán" y del que "hay que ser de determinada manera", y hombres y mujeres pretenden ser aceptados como son. Sin embargo en la práctica no se hace fácil aceptar al otro tal cual es. Pareciera, a veces, que cada uno espera que el otro se encuadre en la imagen ideal que tiene forjada, a pesar de comprender que no podría corresponder ante la misma expectativa. Se emplea mucho tiempo en pretender que el otro/a cambie. A veces es necesaria la desilusión de los absolutos para construir una relación tolerante, relajada, complementaria, madura. Lo cierto es que hace falta plasticidad para aceptar la realidad, las limitaciones propias y las del otro; y también hace falta la intención de comprender, para que exista la posibilidad del encuentro siempre maravilloso en el amor.

Las técnicas para seducir hombres, son un arte que la mujer ha dominado desde la antigüedad, con sutil delicadeza.
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